Rosa Elena Simeón: Testigo de un cambio

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Este 22 de octubre la ciencia cubana se viste de luto al cumplirse el 15 aniversario de la desaparición física de la Dra. Rosa Elena Simeón Negrín, una mujer que dedicó su vida al avance científico y tecnológico de nuestro país.

Nacida en Bejucal el 17 de junio de 1943, desde muy temprana edad su familia le creó un ambiente favorable para el aprendizaje. Sus cuidados contribuyeron a que se convirtiera en una estudiante excelente.

Estando ya en el preuniversitario y cuando tenía 16 años, la sorprende el triunfo revolucionario liderado por Fidel Castro. Como miles de jóvenes de su tiempo, recibió una beca para su formación universitaria. Para Rosa Elena esto significó que pudiera realizar sus estudios de Medicina en la Universidad de La Habana. Durante toda esa época, al igual que otros muchos jóvenes participó muy activamente en las luchas de su país por defender sus ideas políticas y su soberanía.

Entre 1962 y 1965 comenzó desde muy temprano a colaborar en la enseñanza, junto con sus profesores en la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, donde se graduó en 1966.

Como resultado de su excelente desempeño, Rosa Elena fue seleccionada para proseguir su carrera como investigadora en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIC), que en ese tiempo era la única institución científica para desarrollar investigaciones básicas. Hoy día el referido centro es una de las instituciones más prestigiosas del país.

En 1969, Rosa fue nombrada jefa del Departamento de Virología del CNIC y se le asignó la tarea de asesorar el Departamento de Virología animal. En 1970 se convirtió en la directora del Departamento de Microbiología de dicha institución.

En esa época sus investigaciones se enfocaban hacia los problemas relacionados con la absorción viral y la propagación de los virus. Al mismo tiempo, Rosa Elena llevaba a cabo investigaciones en instituciones de otros países, incluyendo el Instituto Pasteur y la Escuela de Veterinaria D´Alfort en Francia y en la Estación Experimental de Virología en Aviñón, también en Francia. Además, durante los años 1970 y 1980 viajó a Canadá, Jamaica y Perú para desarrollar otras investigaciones.

Al retornar a Cuba dirigió el combate de una grave infección asociada a la introducción y diseminación de la fiebre porcina africana. La primera epidemia ocurrió en el año 1971 y la segunda en 1980. Ambas causaron grandes pérdidas en la población porcina del país e infligieron graves pérdidas económicas y daños en la población rural.

Rosa Elena defendió el doctorado en Medicina Veterinaria en 1975, una etapa de importantes sucesos en su carrera. Ese año fue nombrada directora del Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (CENSA) y presidenta de su Consejo científico. El CENSA es la institución donde se realizan estudios e investigaciones para prevenir y tratar enfermedades en vegetales y animales, particularmente aquellas propias de las áreas tropicales. Ese mismo año fue elegida miembro del Consejo de Dirección del Instituto Superior de Ciencia Agropecuarias de La Habana.

Desde entonces continuó sus proyectos de investigación en Virología y participó en un gran número de conferencias, talleres, nacionales e internacionales, incluyendo una consulta de alto nivel entre ministros del Medio Ambiente en América Latina, celebrada en Washington D.C. Durante la década de los años 70 y a comienzos de los 80, Rosa Elena trabajó como experta en Virología para la FAO.

A lo largo de toda su carrera ha recibido honores y premios. En 1988 por ejemplo, fue elegida Heroína Nacional del trabajo, distinción que otorga el Estado cubano por el esfuerzo y los resultados en diferentes campos, incluida la ciencia. En 1990 recibió la Medalla Carlos J. Finlay, que lleva el nombre del científico cubano que a finales del siglo XIX descubrió, entre otros, que el mosquito tropical era el responsable de la trasmisión de la fiebre amarilla y ayudó a disminuir la incidencia y las muertes causadas por esa enfermedad.

En el año 1985, Rosa Elena fue nombrada presidenta de la Academia de Ciencias de Cuba y también de la Comisión Nacional para el Medio Ambiente y los Recursos Naturales. En virtud de este último cargo, ella representó a la Isla en la Cumbre Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro (más conocida como la Cumbre de la Tierra) celebrada en 1992 y dos años después en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los pequeños Estados Insulares, en Barbados.

Fué elegida en 1995 miembro del Comité consultor de la Naciones Unidas para la Ciencia y la Tecnología y en 1998 miembro de Honor de la Academia de Ciencias de Cuba.

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Las actividades de Rosa Elena Simeón se extendieron más allá de la ciencia y la tecnología, hacia el mundo de la política. Fue seleccionada (1986) como uno de los 23 miembros del Consejo de Estado, cuerpo gubernamental que representa al Parlamento entre sesiones. Y en 1994 fue designada la primera Ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, institución creada ese año.

Este ministerio es el responsable de desarrollar las políticas y programas para la protección del Medio Ambiente y del diseño de estrategias para el desarrollo sostenible. De igual manera, es responsable de servir como un enlace estratégico entre la ciencia, la tecnología y el desarrollo económico de Cuba.

Rosa Elena Simeón ha llegado muy lejos en su viaje desde sus tempranos años en los que crecía en un pequeño pueblo cubano.

Hoy, ella es una personalidad ampliamente conocida en su país y en muchos otros países de América Latina. Una mente excepcional y excelentes oportunidades de educación han trazado el camino para una distinguida carrera en los campos de la ciencia y de la política, lo que muchas colegas a menudo consideran tan difícil como mezclar fuego y agua.

¿Cómo la veían desde el exterior?: como testigo de los cambios

Fuente: Ciencia, Innovación y Desarrollo. Revista de Información Científica y Tecnológica Volumen 9, No. 2, 2004

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