Intervención de José Fidel Santana, Viceministro del Citma y Jefe de la Delegación cubana, en el Segmento de Alto Nivel de la COP 23

Gracias señor Presidente

Para Cuba es motivo de gran satisfacción participar en la primera Conferencia de las Partes, de la Convención Marco sobre Cambio Climático, que se desarrolla bajo la presidencia de un pequeño estado insular en desarrollo. Felicitamos al gobierno de Fiji, y le trasladamos nuestro reconocimiento por la organización de esta reunión y por sus esfuerzos para impulsar avances sustantivos en la agenda climática internacional, a tono con la urgencia y gravedad de los retos que enfrentamos. Reconocemos también el decisivo apoyo del gobierno de Alemania, para facilitar la realización de este evento. A todos aseguramos nuestro compromiso y apoyo para un resultado exitoso aquí en Bonn.

Las señales de deterioro de las condiciones climáticas del planeta, son alarmantes. La ciencia nos indica que las temperaturas ya se han elevado en 1.1 grados Celsius respecto al periodo pre industrial. En abril de este año, alcanzamos un nuevo record de concentración de CO2 en la atmósfera, a un nivel de 410 ppm. Se va reduciendo dramáticamente el tiempo de que disponemos, para evitar rebasar la barrera de los 1.5 grados Celsius, que declaramos como una aspiración en el Acuerdo de Paris.

Un reporte reciente de las Naciones Unidas nos indica que, incluso si se implementaran plenamente las actuales Contribuciones Nacionalmente Determinadas, estaríamos aún muy lejos de retener el aumento de las temperaturas por debajo de los 2 grados. De hecho, los compromisos actuales representan apenas una tercera parte de la ambición necesaria para contener el aumento de la temperatura en ese punto, ya de por si excesivo, en particular para los países más vulnerables.  Esta situación se torna todavía más tensa si tomamos en cuenta que el país con mayores acumulados históricos y uno de los principales emisores actuales ha decidido desentenderse de los esfuerzos internacionales en curso para revertir este peligroso escenario.

En el centro de esa “brecha de ambición”, se encuentra la renuncia a los compromisos legalmente contraídos bajo la Convención, por parte de los países industrializados, responsables históricos de los problemas que hoy enfrentamos. Clara muestra de ello es la falta de apoyo a la Enmienda de Doha, que cinco años después de su adopción, sigue sin contar con las ratificaciones necesarias para entrar en vigor. Al propio tiempo, a solo 2 años de la fecha en que debiera alcanzarse el compromiso por parte de los países desarrollados de aportar 100 mil millones de dólares anuales para apoyar las acciones de los países en desarrollo, esa cifra está aún muy lejos de materializarse y parece improbable lograr su cumplimiento.  La excesiva burocracia que caracteriza a estos fondos y la tendencia a introducir condicionalidades, dificulta acceder a los escasos recursos disponibles y menoscaba la eficacia de la financiación climática.

Los esfuerzos de los países en desarrollo, para revitalizar la discusión de estos puntos en la presente reunión, mediante la reincorporación del tema de la “ambición pre 2020” en la agenda de la Conferencia, fueron sistemáticamente bloqueados por los países industrializados, que incapaces de brindar una fundamentación para esa actitud, se refugiaron en formalidades retoricas. Si bien el esfuerzo conjunto del Grupo de los 77 y China va a garantizar una mayor atención al tema en las agendas venideras, la resistencia encontrada menoscaba la confianza en este proceso y pone en riesgo los resultados que esperamos alcanzar el venidero año, a partir de los avances de esta Conferencia.

Mientras observamos aquí esa falta de compromisos, nuestros países continúan siendo golpeados por eventos extremos de redoblada potencia, que producen sus devastadores efectos sobre los países más vulnerables y en particular en los pequeños estados insulares en desarrollo. El efecto de los recientes huracanes por el Caribe, ha sido calificado por algunos medios de prensa como un “paisaje nuclear”. El impacto combinado de estos grandes eventos climáticos, en Antigua y Barbuda, Dominica y Cuba, entre otros países de la región, ha provocado pérdidas de vidas humanas, miles de millones de dólares en costos para la economía y severos impactos sociales.

En contraste con esta impresionante realidad, el tema de las “perdidas y daños” asociado a estos eventos, no logra aún la plena instrumentación de su Mecanismo Internacional de Varsovia, ni el apoyo necesario para que en esta reunión decidiera su consideración como un punto permanente de la Agenda de los Órganos Subsidiarios, tal y como reclamara el Grupo de los 77 y China. En ese sentido, consideramos que es el deber de los países desarrollados y de esta Convención, hacer cumplir el artículo 8 del Acuerdo de París y demás decisiones relevantes, en aras de que los recursos financieros requeridos para lidiar de manera rápida y efectiva con los impactos de los cambios que ya hoy ocurren en el clima, sean puestos en manos de los necesitados y vulnerables.

En medio de estos retos, continuaremos apoyando firmemente a la presidencia de Fiji, en sus esfuerzos por concluir exitosamente de esta Conferencia y en los trabajos que bajo su liderazgo se llevaran a cabo el próximo año. Al respecto trabajaremos para que el proceso de adopción de los procedimientos del Acuerdo de Paris, transcurra de manera abierta, inclusiva y transparente, y para que, sobre la base del principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas, se brinde un tratamiento balanceado entre los elementos de mitigación, adaptación, finanzas, transferencia de tecnología, fomento de capacidades, perdidas y daños, medidas de respuesta y la transparencia de acciones y apoyo, asegurando que en cada tema los países en desarrollo reciban el tratamiento flexible y diferenciado que les corresponde, en un contexto de equidad.

Sr. Presidente,

Cuba es un país altamente vulnerable, para el cual el enfrentamiento al cambio climático es una prioridad esencial. Ya hoy experimentamos múltiples impactos que afectan la zona costera, amenazan asentamientos humanos vulnerables e implican retos para la agricultura, el turismo, la economía y la sociedad en general.

En abril de este año, el Consejo de Ministros de Cuba decidió conceder la máxima jerarquía a este problema, mediante la adopción de un Plan de Estado para el Enfrentamiento al Cambio Climático, al cual hoy se le identifica bajo el nombre de “Tarea Vida”, a tono con su objetivo esencial de salvaguardar la salud y calidad de vida de los cubanos y cubanas.

A diferencia de nuestro poderoso vecino, Cuba, con esta “Tarea Vida” reafirma sus compromisos de cumplir con el Acuerdo de Paris que bajo la Convención de Cambio Climático hemos ratificado. Nuestro país continuará dedicando recursos significativos para implementar este Plan, si bien su materialización integral requerirá del apoyo en recursos, conocimientos y tecnología para su implementación. En el logro de estos propósitos, deberemos continuar enfrentando retos particulares, siendo los más relevantes los derivados del anacrónico, injusto y criminal bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra la Isla.

Aún bajo estas complejas circunstancias, Cuba ratifica su profunda vocación solidaria y la disposición a compartir con otras naciones hermanas, el conocimiento científico alcanzado y las experiencias en la preparación y respuesta a los impactos climáticos.

Sr. Presidente

Le reiteramos nuestra plena confianza y apoyo a su gestión y confiamos en que, bajo su presidencia, con el apoyo de los países insulares en desarrollo y de todas las Partes comprometidas en este proceso, podamos reconocer a la COP 23, como un momento importante y positivo de las negociaciones climáticas, donde fuimos capaces de estar a la altura de lo que hoy el mundo espera y necesita de nosotros.

Muchas gracias,

También le puede interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Diez + 1 =