El “regalo” indeseado

Hace quince años, un pequeño pero intenso ciclón tropical nombrado Charley atravesó de sur a norte el occidente cubano. Ningún huracán de categoría 3 o superior había afectado las provincias habaneras desde 1948.

Según los meteorólogos José Rubiera Torres y Maritza Ballester Pérez (ya fallecida), el centro del huracán Charley penetró en Cuba por las inmediaciones de Cayo Ávalos cerca de las 7:00 p. m. del 12 de agosto de 2004. Con rumbo al norte-noroeste, el ciclón se dirigió hacia la antigua provincia de La Habana, y tocó tierra entre Playa Guanímar y Playa Cajío justo a la medianoche.

Ante la gran amenaza que Charley representaba para la región occidental del país, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz se trasladó en la madrugada del día 13 hacia el Instituto de Meteorología. Allí, en diálogo con el doctor Rubiera, conoció sobre la delicada situación atmosférica.

Como reseñó el periódico Granma ese mismo día, «Fidel destacó la organización, el temple y la experiencia de nuestro pueblo para enfrentar desafíos de este tipo; dijo que nadie se desanima y que se hará el máximo a una velocidad mucho mayor que la de los vientos de este ciclón y con poca publicidad».

Jocosamente, expresó que la llegada del huracán era una especie de «regalo» que le había hecho la naturaleza por su cumpleaños.

Ratificó que, frente a cada contingencia de la naturaleza y problemas de cualquier índole, la Revolución sabrá sacar las correspondientes lecciones para avanzar, vencer todas las dificultades y recuperarnos.

De acuerdo con Granma, el Comandante explicó cómo desde un principio se mantuvo al tanto de la evolución del fenómeno mediante sus contactos con los especialistas del Insmet y destacó la ayuda brindada por los radares meteorológicos, los modelos de pronóstico y las imágenes satelitales en el seguimiento acertado del ciclón.

Charley incrementó ligeramente su fuerza cuando pasó por Cuba. Esa intensificación pudo ser causada al moverse sobre el golfo de Batabanó, donde las aguas son muy calientes.

Al ingresar por la costa sur de la otrora provincia de La Habana, los vientos máximos sostenidos eran de 180 kilómetros por hora (estimados). Una estación localizada en el aeropuerto de Playa Baracoa registró 190 km/h (promedio en 1 minuto), 240 km/h en rachas y la presión mínima de 974 hPa. Otra estación ubicada en San Antonio de los Baños midió vientos de 180 km/h, con ráfagas de hasta 212 km/h. Por tanto, Charley fue un huracán de categoría 3 al cruzar el oeste de Cuba.

La calma del centro duró aproximadamente treinta minutos. Según testimonios, pudieron observarse las estrellas con claridad y hubo algunos reportes de que el cielo tenía una apariencia rojiza dentro del ojo.

El ojo de Charley tenía un diámetro de 18 kilómetros al penetrar cerca de Punta Cayamas y 15 kilómetros al salir por las inmediaciones de Menelao Mora. El movimiento medio sobre Cuba fue en dirección al norte-noroeste, con una velocidad de desplazamiento de 25 kilómetros por hora. Fue un huracán pigmeo: sus vientos huracanados se extendieron hasta 23 kilómetros a la derecha y 19 kilómetros a la izquierda de la trayectoria.

En Playa Cajío se observó una marea de tormenta de cuatro metros por encima del nivel del mar y fueron barridas 360 casas. Las aguas llegaron hasta 2,6 kilómetros tierra adentro. En Surgidero de Batabanó la marea de tormenta fue de 2,8 metros de altura.

La cantidad máxima de lluvia acumulada en 24 horas osciló entre 100 y 150 milímetros en áreas restringidas a lo largo del paso de la pared del ojo. Las bandas exteriores solo ocasionaron precipitaciones intensas en puntos aislados de la Isla de la Juventud y Matanzas.

Hubo que lamentar 4 muertes debido al paso de Charley por nuestro país. Fueron evacuadas 224 mil 449 personas y los daños materiales se estimaron en 923 millones de dólares estadounidenses.

 

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